Moco en el Bernabéu

Madrid - Granada 15-16

Autor: Nevski

Prepartido:

Tras una noche de quedada tuitera (con “lo más bonito de Twitter”), el sábado por la mañana me acerqué a mi clínica de los horrores habitual para sufrir la tercera sesión de borrado del horrendo tatuaje postadolescente que luzco en el antebrazo. Llegué diez minutos tarde y la choni de verrugoso piercing brillante sobre el labio que suele atenderme mostraba una cara que, a tenor de lo ocurrido después, no anunciaba nada bueno para mi dermis.

Resumiendo, entré en la cámara de torturas hipoalergénica, ella hizo una observación con cierto retintín:

  • ¡Qué moreno estás! ¿No habrás tomado el sol este verano TAL Y COMO TE DIJE QUE NO HICIERAS?

Y yo con los huevos de pajarita. Pero mantuve la compostura y miento tranquilamente:

  • No, que va, para nada.

La chica de la periferia, que no es tonta, me miró como quien mira a una oveja antes de esquilar y subió la potencia del láser al máximo, tomándose debida venganza. Sobra decir que salí de allí llorando de dolor y cagándome en los ancestros de la maldita novia del Jonathan.

Primera parte:

Son las cuatro de la tarde en El Templo de La Castellana. Benítez anuncia rotaciones pero salen todos los que esperábamos. Quizás la única nota llamativa sea la titularidad de Lucas Vázquez, aparte de los obligados cambios por las lesiones de Ramos, James, Bale y Danilo.

No suelo mencionar en mis crónicas a los equipos rivales más que de pasada pero el Granada de Sandoval merece unas líneas. Los granadinos salieron muy bien plantados (tácticamente hablando) al césped del Bernabéu, practicando la presión alta sobre la zaga madridista y ejecutando el contrataque con brillantez. Este valiente planteamiento evitó el posible gol tempranero, propio de los inicios arrolladores de los merengues en casa, dándoles moral para presentar batalla al mejor equipo del siglo XX.

Y así fue. Tanto, que alrededor del minuto 20, Success y El Arabi trenzan una buena jugada que acaba en un gol mal anulado a este último. No era fuera de juego y tampoco fue la mejor tarde de los trencillas, todo sea dicho.

Unos apáticos Kroos y Modric eran superados constantemente por el buen hacer del mediocampo rival con Javi Márquez y Krhin a la cabeza. Los madridistas, demasiado paralelos entre ellos, parecían sufrir desidia existencial (igual por el triste asunto de los refugiados sirios) y ninguno se atrevía a descolgarse hacia arriba para generar ventajas. El Granada tocaba el balón en el medio, asombrando a un estadio abarrotado y generando los primeros pitos de la era Benítez (no sea que perdamos la tradición).

En la zona delantera un poco lo de siempre: buenas jugadas pero muy escasa puntería. Isco sacó a relucir su mágico último pase que Benzema o Cristiano no supieron aprovechar. Y seguro que Andrés Fernández, portero del Granada, ayudó bastante en ello. Este tipo lleva a un nivel altísimo desde hace años y es, sin ninguna duda, mejor que el 90% de los porteros de la Premier League. Pero es que la Premier mimimi…

Lo del odio injustificado (que se ha puesto muy de moda en Twitter) a un futbolista tan absurdamente genial como Isco solo tiene un nombre: ignorancia. Los piperos del Bernabéu pitaban a Benzema, otro futbolista exquisito, y algunos siguen haciéndolo a día de hoy. Pues en Twitter se mofan de Isco. Al final ambas reacciones son bastante parecidas. Mucho postureo y mucho desconocimiento ante un futbolista que ya fue decisivo en Champions con un equipillo como el Málaga siendo apenas un crio. En el Madrid siempre ha rendido a un gran nivel desde que fichó (y las piernas le aguantaron) y ha adquirido matices en su juego antes impensables en un 10 puro: los centros medidos desde la banda o el sacrificio en defensa son dos claros ejemplos. Quien no quiera ver esto que se dedique a jugar a las canicas.

Segunda parte:

A punto de reanudarse el encuentro, el avezado realizador nos deja una de las imágenes de la tarde: Success está sacándose un moco con la pasmosa tranquilidad de quien no es consciente de que 90.000 almas le están observando y otros tantos millones lo hacen alrededor del mundo desde sus televisores. Este tío se merece todo mi respeto.

No tarda mucho el Granada en volver a hacerse dueño moral del encuentro. El-Arabi se saca un taconazo de la manga y deja solo a nuestro querido amigo Success, que la pica por encima de Keylor Navas y al Bernabéu le cae una gota de sudor por la frente al estilo del anime japonés. El Madrid sigue sin arrancar y Modric baja a recibir la pelota entre los centrales en un intento de zafarse de la presión adelantada de los contrarios (los entendidos lo llaman “salida LaVolpiana” pero esto no es Ecos del Balón, chicos, lo siento), cosa que no termina de funcionar del todo.

Y surge el milagro: Isco recibe en banda izquierda (en fuera de juego, seamos honestos), pone un excelso centro medido a la cabeza del gato Benzema y este remata picado. Gol. Los haters de Isco hacen cola para ir entrando de nuevo en la cueva.

Pero no tardaría El-Arabi en volver a sembrar el pánico en el área madridista. Con gran habilidad se va de todos y cada uno de los defensores, regatea hasta a Herrerín y Keylorsito, con enorme valentía, salva el empate. El estadio le ovaciona merecidamente y muchos nos acordamos del Topo-de-Oporto y los dos últimos años (ay) tirados a la basura.

Tras este aviso a navegantes, RafaB se decide a mover el esqueleto de una vez y ejecuta el cambio que de verdad gira el partido a favor del Madrid y el buen juego: sale Kroos y entra Don Mateo Kovacic. El croata es un futbolista muy vertical y aporta el dinamismo necesario al centro del campo. Y, como por arte de magia, Cristiano despierta y encadena varias ocasiones de gol que, desgraciadamente, acaban fuera o en las manos del portero. A continuación es Benzema el que abandona el césped en favor de Cherisev, que cuaja una buena actuación. Mucho ímpetu, veloces carreras por banda y algunos detalles técnicos que dejan buen sabor de boca. Todo lo contrario a su compañero de promoción, Lucas Vázquez, que pasó sin pena ni gloria por su primer partido oficial de titular.

Son estos buenos minutos de juego para el Real pero Benítez no es tonto y sabe que debe apuntalar el mediocampo para que no se escape la victoria. Isco deja el verde en medio de una gran ovación y Casemiro, que cada día me gusta más, salta al mismo para hacer lo que él mejor sabe aportar: físico, defensa, posicionamiento y fiabilidad ante todo. Podría escribir sobre el árbitro y como se tragó un par de penaltis a favor del Madrid (uno a Isco y otro a CR7) pero me estoy alargando demasiado y voy a terminar aquí. FIN.

Postpartido:

La cosa se había quedado un poco soporífera, decidí echarme un rato en la cama y la siesta tardía se me fue de las manos. Me desperté a la hora de cenar, me vi una película española mala a rabiar y otro sábado que se va por el desagüe. Gracias a Dios soy joven y terriblemente atractivo y sé que un sábado es un sábado. Aún quedan grandes noches por llegar y yo juego con la baraja marcada. Soy el puto amo.

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