Quo vadis Sevilla?

Abríamos la prensa deportiva el pasado verano y esbozábamos sonrisas por doquier. Cada nombre relacionado con el club blanquirrojo parecía mejor que el anterior. Algunos incluso deseábamos que EA sacase ya su juego balompédico para campeonar con la plantilla excepcional conformada con Monchi. Además, por primera vez en años, los deseos de director deportivo y entrenador se han cumplido casi a partes iguales: han venido a Sevilla peticiones del primero –N’Zonzi o Kakuta– y demandas del segundo –Llorente o Krohn-Dehli–. Los mimbres están puestos para una temporada dura y bonita, para compaginar los campeonatos domésticos con la más bonita de las alfombras continentales. Sin embargo, ay, amigos, el sueño ha arrancado como toda una pesadilla.

No sé si muchos habéis disfrutado de la ópera Tosca del gran Giacomo Puccini. En ella, el genio toscano de Lucca, inicia una trama en la que un fugitivo, Angelotti, dispara toda la acción para, al final del primer acto, desaparecer para siempre del libreto dando paso a la verdadera historia de Tosca. Quizás el inicio liguero del Sevilla se parezca a la obra de Puccini. Puede que el sábado, ante el Rayo Vallecano, todas las sombras que se ciernen sobre Nervión se despejen y el equipo comience a despegar hacia arriba. Sin embargo, estos son futuribles que no podemos analizar. Todo lo contrario a lo sucedido en las cinco jornadas de Liga disputadas hasta ahora. Así pues, vamos a lanzarnos a dar las cuatro claves por las que, a mi entender, los pupilos de Emery no están afinados sobre las tablas de la scena.

  1. Un físico lastrado. La preparación de la Supercopa de Europa ha condicionado la parcela física del equipo. Si se quería ganar al F.C. Barcelona, superarles en intensidad y kilómetros recorridos era el primer pilar. Casi se consigue, pero desde entonces hasta hoy todas las virtudes que el plano atlético aporta al Sevilla han desaparecido. Sorprende ver a jugadores como Krychowiak, Tremoulinas, Iborra o Vitolo, auténticas máquinas diésel –guiño a la Wolfswagen–, arrastrarse por los terrenos de juegos sin ser capaces de soportar un ritmo alto durante más de sesenta minutos. De sobras es conocido que las planificaciones tienen cimas y simas, pero este bache es demasiado profundo. Si el Sevilla no corre más que el contrario, pierde. Un axioma básico que urge corregir.
  2. Las lesiones. No es normal que se te caiga medio equipo después de jugar siete partidos oficiales. Aunque muchos achacan este fenómeno a la exigencia física soportada durante la pretemporada, lo cierto es que, tras hacer un repaso estadístico, sólo una pequeña parte responden a lesiones musculares. La suerte siempre ha sido un factor importante en el fútbol y parece ser que en este caso la cara más fea de Fortuna es la que está sonriendo a los jugadores sevillistas.
  3. La adaptación. No todos los fichajes están cogiendo la idea colectiva del equipo a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, etc. y esto es algo que empieza a preocupar. Algunos jugadores están lastrados por el factor idiomático, pero eso no debe ser una barrera tan importante como para que no entiendan qué es lo que se les pide en los entrenamientos. De esta manera, la existencia de “versos sueltos” en el vestuario resta mucho potencial al equipo, pues no entran en la rotación y colman de minutos a los jugadores que ya de por sí suman demasiados; lo cual, unido al bajón físico general, se traduce en un desastre como el que se está viviendo.
  4. El gol. La vida, la salsa, la meta, el culmen, lo que importa, el objetivo, etc. Llámenlo como quieran. El Sevilla necesita que los coros celestiales acudan a los estadios para meter un gol. No es capaz de encontrar vías adecuadas para materializar ocasiones: bombeando-centrando balones no suma, combinando por debajo es previsible por la lentitud acarreada por la baja forma, jugando a la contra es inofensivo, la estrategia a balón parado no da réditos, etc. Se emplee el libreto que sea la cosecha goleadora es paupérrima para un ataque formado por, nada más y nada menos, que Gameiro, Llorente, Immobile, Reyes, Vitolo, Banega, Krohn-Dehli, Konoplyanka, Kakuta, Iborra, etc. De todos, este es el factor que más urge corregir, puesto que sin sumar tantos es imposible variar el rumbo de la nave.

En definitiva, nos hallamos ante una situación delicada que requiere de soluciones inmediatas. El tren de la Champions League 16/17 se ha escapado –asumámoslo–, pero aún queda tiempo para retornar a las posiciones nobles de la clasificación. Trabajo y esfuerzo es la única vía. Confianza y animación es lo único que debe exigírsele a la afición. Como diría Unai: “es un reto”. Hay capacidad sobrada para reconducir la situación y cambiar esos cuatro males por cuatro virtudes, pero deben de transformarse ya. El objetivo no debe ser otro que preguntar “¿dónde vas?” y que la respuesta sea: ¡hacia arriba!

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