Del Bosque no es Rajoy

Ayer mismo hablaba con el grandísimo @OutisJr de un artículo -prometo buscarlo- historiográfico sobre la política del tancredismo en la Italia del Quattrocento. Según esa política, resumiendo mucho, cualquier ente puede obtener una situación ventajosa para sus intereses con el simple hecho de permanecer estático, pasivo e inmovil, mientras el resto de agentes en activo van tomando opciones para conseguir sus propios fines. Al tres veces ganador de las elecciones generales de España le funciona. Al seleccionador nacional dejó de funcionarle hace tiempo.

Este texto puede ser ventajoso después de las alabanzas que desde aquí mismo vertí sobre la Selección tras sus partidos contra Chequia y Turquía, pero no lo es en absoluto. El marqués del Bosque, quien para mí es un buen entrenador, ha permanecido enrocado en una posición que hace tiempo dejó de darle tantos réditos. En el fútbol moderno todos los equipos se conocen a todos y lo que hoy es innovador mañana está anticuado y lo practican hasta en la liga local de Villanueva del Trabuco. España permaneció estática en Sudáfrica, casi lo calcó en Polonia-Ucrania (excepción hecha del copiar/pegar del falso nueve barcelonista) y ha seguido contemplando el lienzo en Brasil y ahora en Francia.

La selección española no puede vivir permanentemente de aquello que te funcionó en tiempos pasados. De acuerdo que es máxima del fútbol que lo que funciona, no se toca. Pero tus rivales no son los mismos, ni individualmente ni tácticamente, mientras tu sigues anclado en un estilo que está a un milímetro de obtener la etiqueta de ecléctico. Del Bosque no ha sabido ver, casi desde el principio del partido, que Busquets solo estaba siendo arrasado y que demandaba un acompañante con urgencia. También pareció miope ante el naufragio táctico de Nolito o ante el movimiento monumental de Pellé que sacaba de zona constantemente a Sergio Ramos. Desde el banquillo no se ha sabido dar soluciones a problemas obvios y sólo la salida de Aduriz, en la búsqueda de un juego más directo, pareció aportar algo nuevo.

España ha naufragado y se ha ido a pique tras el primer cañonazo de Italia. El buque no ha soportado ni en su obra ni en la moral de su tripulación. No hay excusas de ningún tipo, sino aciertos italianos y fallos españoles. La Selección hace tiempo que debió cambiar su libreto y adoptar un 4-2-3-1 que se adapte más a los recursos humanos disponibles. Nuestro mágico 4-1-4-1 ha muerto y no tiene visos de resucitar.

Ahora la pelota está en el lado de la Federación. El tancredisto del marqués del Bosque ya ha rendido cuanto debía hacerlo, pero a él no debe sumársele un inmovilismo en la dirección nacional. El seleccionador no es Rajoy. Uno puede ganar elecciones balbuceando y leyendo desde un telepronter; el otro no puede quedarse quieto en el banquillo esperando que otra genialidad en el césped te de la victoria.

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