Suerte. Nosotros seguiremos

Nueve títulos y dieciséis finales son un bagaje estadístico como para que cualquier responsable futbolístico de club de provincias se convierta en patrono de la ciudad. No tengo ninguna duda que en cualquier otro lugar del mundo sería así. Pero ocurre una cosa: somos Sevilla. Esta ciudad tiene un patrón desde mucho tiempo antes que en Roma aceptaran subirlo a los altares a cambio de una buena cantidad de plata indiana. Fernando III es santo porque a muchos hispalenses entre 1252 y 1671 se les puso en sus canonizados testículos y porque la capitalina monarquía necesitaba de un antepasado con pedigrí católico que explotar propagandísticamente cuando su lucha contra los herejes ya se había demostrado más política que religiosa. Por esa misma voluntad, y porque aquí las cosas van al ritmo que marcamos nosotros, Ramón Rodríguez Verdejo se marcha con una página propia en la historia del Sevilla F.C., pero poco más.

Monchi lo ha tenido todo en sus manos para ganarse un huequito en el cuartel izquierdo del blasón sevillista, pero las formas lo han perdido. Con todo lo que ha hecho por llevar al club a los más altos laureles europeos, la falta de tacto en su último año va a ser lo que se les quede a muchos en el paladar -títulos en las vitrinas aparte-. Engañar a club y afición en el verano de 2016, con un pretendido deseo de descanso y desconexión para salir de la entidad sin desembolsar una compensación económica, ni fue elegante ni gozó de la más mínima credibilidad. Torear a la grada -a periodistas y directivos, cuanto más, mejor- durante meses es algo inadmisible. En mi opinión, esto último es de lo peor cuando el hombre se había declarado constantemente uno de los nuestros: aficionado de grada, de llorar y reír, de hacer cola para renovar el abono y quedarte sin vacaciones… Pero no. Como suele ser tónica en el fútbol moderno, Monchi se ha quedado en otro proyecto fracasado de one club man. Detalles como el fotografiarse en la cancha de los Boston Celtics -franquicia de la que buena parte de las acciones corresponden a James Pallotta-, quedarse en Londres para seguir negociando con la Roma el día siguiente a que el club cayese ridículamente eliminado de la Champions ante el Leicester o los mensajes intencionadamente ambiguos en las redes sociales, son “detalles” que, en mi opinión, lo han retratado.

No obstante, Monchi merece irse con la alfombra a sus pies y un gran aplauso. Su trabajo ha dado frutos impensables hasta para él mismo. En la magnífica entrevista que le hicieron en El club de Bein Sport -ser periodista deportivo y no trabajar ahí debe ser algo muy vergonzoso- se le preguntó si se veía capaz de repetir ese éxito en otro equipo, liga, contexto, etc. Al antiguo portero se le iluminó la cara. Lógico. A todo el mundo le apasionan los retos futbolísticos, pero casi nunca los asociamos -los que estamos en la grada- a abandonar nuestros colores. A los de carnet nos gustan marcarnos las metas en nuestra propia casa y aspirar siempre a subir un peldaño más abrazándonos al vecino con el que llorábamos un descenso. Por ello nosotros somos una especie en extinción en un mundo “amante” del fútbol en el que los estadios cada vez están más vacíos. Así pues, en este nuevo reto, personalmente, le deseo muchísima suerte a Monchi y le repito las gracias por los servicios prestados. Nosotros los sevillistas seguiremos en el mismo sitio.

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