Lepanto

Con Pío V –Vicente del Bosque– llamando a la Guerra Santa –la Eurocopa de 2016– a las potencias europeas católicas y con interés en el Mediterráneo, se dio inicio formal a una campaña contra el turco que pasó a la Historia. Para la Santa Liga no se presagiaba un escenario demasiado favorable, pero la pericia de los hombres hace que las predicciones de los sabios de butaca fracasen más de lo que estos quisieran.

En Niza se ha visto como los Doria, Barbarigo, Colonna, Austria o Farnesio han bogado a un ritmo vertiginoso. Un compás imposible de resistir por los hombres de Alí Bajá, quien como su descendiente Fatih Terim se ha visto superado por todos los frentes: por el ala derecha Silva hacía lo que quería y arrastraba hacia adentro a todo aquel que osara acercarse; por el flanco izquierdo Nolito trazaba diagonales hacia el costado del central diestro, haciendo que este otomano y el lateral invadiesen sus espacios para otorgar esa décima de segundo que le permitió atacar constantemente la espalda de la zaga; y por el centro Iniesta –lo que cambia este jugador de su equipo, en el que tiene que jugar para otro, a hacerlo con la zamarra nacional, en la que se hace lo que él manda– percutía con el tempo de un ariete, cadencioso, grave y eficaz, pero con el estruendo de una bombarda, rápido, mortífero y directo.

Esta noche la Furia ha dado un grito que va a provocar mucho eco. Ha hecho el mejor partido de esta Eurocopa en todas las facetas, sin discusión alguna, ni por selección que se haya puesto. España está ante las puertas de seguir golpeando a enemigos a base de toques cortos y veloces de balón, pero, lo que es más importante, sin que atrás te creen peligro. La solidez que pedía el otro día ha llegado hoy. Es cierto, no vamos a negarlo, que el desastre táctico de Turquía ha sido catastrófico, pero la contundencia que la Selección ha demostrado apenas tiene contestación.

Tras la victoria del 7 de octubre de 1571 en toda Europa se repicaron campanas, se rezaron Te Deum y se respiró con la tranquilidad de que el turco estaba vencido. Apenas un lustro después Murad III había recuperado el poderío de la armada otomana y estaba dispuesto a seguir presentando batalla a la Monarquía Católica, el Papado y Venecia. España hoy ha vencido en Lepanto, pero la guerra continúa hasta París.

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